La clorhexidina es una sustancia química utilizado en el ámbito farmacológico que, aunque su nombre no siempre resulte familiar, se encuentra formando parte de muchos productos que podemos encontrar en nuestra vida diaria, gracias a su acción antiséptica.

 

Es considerado por la Organización Mundial de la Salud como un medicamento esencial, por sus propiedades bactericidas y fungicidas.

 

Como es muy versátil, sus usos son muy variados. Es muy utilizado en el sector sanitario: desde su utilización en  clínicas dentales y hospitales, tanto para desinfectar instrumental y equipos de trabajo, como para que médicos y enfermeros/as preparen a los pacientes en las cirugías, como en el ámbito veterinario, donde se emplea no solo en champús, sino también para tratamiento de heridas, picaduras y, es bastante habitual tratar con clorhexidina a las vacas cuando sufren de mastitis.

 

Fuera ya del ámbito sanitario, también las empresas de limpieza han encontrado en este producto un buen aliado.

 

De esta manera, y dependiendo de la concentración en que se aplique, es utilizada como un eficaz desinfectante por esos profesionales, que la emplean para el lavado de sus manos y para preparar la piel antes de las cirugías, reduciéndose de esta manera el riesgo de infecciones.

 

También la utilizan habitualmente los dentistas y la recomiendan a sus pacientes como tratamiento postquirúrgico, especialmente a aquéllos que han sido sometidos a, por ejemplo, endodoncias o implantes.

 

El producto se comercializa bajo diferentes presentaciones. De esta manera se puede encontrar como colutorios para el enjuague dental, geles, cremas, dentífricos, etc.

 

Así mismo, la crema o gel de clorhexidina al 0,5% es utilizada eficazmente para desinfección de heridas y quemaduras.

 

La clorhexidina es muy sensible a la luz y a la temperatura, agentes que la degradan químicamente y disminuyen su eficacia. Por este motivo, se debe almacenar evitando su exposición a la luz y al calor, a temperatura ambiente.

 

Esta utilización más generalizada de lo que se podría esperar de un producto como la clorhexidina origina que no sea raro que durante su utilización se pueda verter y producirse alguna mancha en la ropa con el que entre en contacto, mancha que, en un principio podría pasar desapercibida, pero que, transcurrido un tiempo, se haría visible y podría  llegar incluso a inutilizar la prenda.

 

 

¡Atención!  NO usar nunca lejía ni derivados del cloro para quitar esa mancha.

El cloro tiene un efecto contrario al deseado: fija la mancha y la transforma en un color parduzco que después resulta imposible de quitar.

 

Las empresas de limpieza, como profesionales del sector, lo saben. Por este motivo, las lavanderías que se dedican al ámbito sanitario no utilizan ni la lejía ni el cloro para lavar la ropa de los uniformes de médicos, enfermeros/as y personal auxiliar de los hospitales.

 

La ropa con manchas de clorhexidina debe ser lavada con oxígeno hiperactivado, agua oxigenada o perborato, o con cualquier otro producto hidrogenado con agua muy caliente; con esto la mancha pasará desapercibida, aunque también es verdad que, probablemente, no se conseguirá su desaparición completa.

 

Y una última recomendación. Bajo ningún concepto hay que mezclar lejía o derivados del cloro con productos oxidantes del tipo de los mencionados en el párrafo anterior: perborato, agua oxigenada, etc. este tipo de mezclas son muy peligrosas, ya que se genera un gas muy tóxico, cloro, que causa quemaduras en aquellos tejidos con los que entra en contacto: ojos, piel, tracto respiratorio, etc.

 

casacas

 

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